Tranquility Base Hotel and Casino: cuando el nombre lo dice todo

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Mi yo de vidas pasadas (?) se emocionó un poco cuando ingresó a Spotify una mañana y ya estaba disponible lo nuevo de Arctic Monkeys: Tranquility Base Hotel and Casino. Se alegró cuando algunos contactos de redes sociales se mostraban igual de contentos con la noticia y no se sorprendió mucho con algún que otro escéptico dando vueltas por ahí.

A diferencia de otras veces que me animo a hablar de discos (y me cuesta bastante más animarme en esta área), no consideró que haga falta ir tema por tema. La razón ya la entenderán. Directamente me parece oportuno hablar del disco en sí. Y es que el disco en sí, con su título, ya anuncia bastante lo que podemos esperar de esta producción: tranquilidad, mucha tranquilidad. Demasiada, quizás.

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Es probable que esa primera impresión de antiguo admirador del grupo haya sido lo que condenó un poco a mis expectativas: puesto que ya no encontré el sonido característico de los Arctic Monkeys, por ejemplos, esos inconfundibles riffs de sus temas clásicos o, por lo menos, algún rastro de lo que fue su producción en el disco AM que, si bien tenía temas que no me convencían, se hizo un lugar en mi corazón.

Y es acá donde llegamos a la gran explicación de por qué no me vi necesidad de ir tema por tema: es que en realidad no pude. No encontré grandes canciones en el disco. Lo escuché varias veces y si, era agradable, si, podía repetirlo un par de veces, pero ninguna se adhería a mi subconsciente, ninguna se hacía inolvidable. Un gran problema me pareció que eran todas bastante olvidables. Inclusive, escuchando el disco de fondo y no prestando atención al salto entre un tema y otro, me parecía que se trataba todo de una sola gran pieza, de un solo tema bastante largo, no había un disruptivo, un cambio de ritmo que me hiciera saltar del asiento de golpe (?).

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Buscando un punto a favor, con lo que si me encontré es con bastante de Alex Turner en todos los temas. Con cierta profundidad en las letras, como queriendo llevarlas un poco más allá de lo habitual, pero con poco contenido y acompañamiento musical, quedaba ese como un viaje a medias.

Definitivamente, habré pasado un par de días escuchando bien el álbum, como suelo disfrutar hacerlo, para “absorber” en cierta medida lo que me parezca mejor de él, siempre atendiendo que es meramente una opinión para nada técnica, sino sobre mis gustos. Lo cierto es, que llegado el segundo día concluí que sería del tipo de álbum que pondría para pasar el tiempo, puede ser que mientras busque algo más o a lo mejor por no querer quedarme en silencio. No es que esté mal, pero este viejo y antiguo admirador de Arctic Monkeys esperaba algo más.

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