The Umbrella Academy: la maldición del don

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Es casi un hecho que llegó algo tarde, pero no me importa (?) y es porque The Umbrella Academy me parece la primera gran serie con la que me encuentro en este 2019. La serie basada en los cómics de Gerard Way (que, claramente, ya estoy buscando para leer) fue una de las apuestas fuertes de Netflix en estos primeros meses y consiguió muy buenos resultados. Una familia disfuncional, jóvenes con poderes, drama psicológico, humor negro y un gran gran soundtrack. La mesa está servida.

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Estrenada por la plataforma de streaming el 15 de febrero, la serie cuenta la historia de 42 madres que dieron a luz en la misma fecha con la particular coincidencia de que ninguna presentaba señales de embarazo al comienzo de ese día. Raro, cuando menos. Un excéntrico millonario, Reginald Hargreeves (Colm Feore) adopta a 7 de estos niños, todos ellos con habilidades extraordinarias y los cría bajo el nombre de The Umbrella Academy. Uno de ellos, Ben, muere en extrañas circunstancias y otra, Vanya (Ellen Paige), es criada –aparentemente- sin ningún poder especial. Con el correr de los años, los jóvenes crecen sin ningún apego particular por sus demás “hermanos” y hasta con cierto odio hacia su padre adoptivo. Hasta que varios años después, con la noticia de la muerte de este, se vuelven a reunir en la mansión.

Es en esta construcción narrativa y de personajes donde podemos encontrar el primer guiño para dejarnos seducir por esta gran producción. Cimienta un universo con personajes fascinantes y sumamente complejos, además de una problemática interesante: la de un grupo de “héroes” con conflictos bastante humanos y terrenales. Dentro de esta línea de construcción de personajes, Alisson (Emmy Raver-Lampman) y Luther (Tom Hopper) me parecen los menos interesantes, por poner un nombre.

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Ya decíamos que su narrativa también es muy buena y es que sus recursos nunca dejan de ser entretenidos e interesantes, buscando no perder la atención del espectador a lo largo de sus 10 episodios. Jugando con las líneas temporales, en un diseño bastante similar (e igual de bien logrado) que el de The Haunting of Hill House (esa serie de la que ya nos enamoramos el año pasado), incluso con la misma virtud de tomarse un tiempo para presentar y desarrollar a cada uno de sus personajes y sus conflictos.

En el medio de este desarrollo, la producción se vuelve todavía más disfrutable con buenas y oportunas dosis de humor negro, en medio de tanta tensión. Junto con otro complemento clave como es la fotografía, con un gran sentido de los colores, deja la sensación de desenvolverse siempre en un escenario frío y más bien oscuro, sin perder el contraste. Algo similar a lo que se puede ver en Watchmen, gran guía en cuanto a historia de superhéroes con problemas arraigados en sus propios poderes y dramas internos.

Si hablamos del contexto y de los elementos que lo acompañan en el desarrollo de la historia, el soundtrack merece un apartado especial por ser genial. Contrasta espectacularmente con la acción que se desarrolla, al tiempo que se vuelve totalmente imprescindible para la historia, quedando fantástico dentro de cada momento de la serie.

El gran punto fuerte de la serie es que, si bien es una de “superhéroes” no hay un villano en concreto, se trata más bien de una situación: el fin del mundo. Y los poderes de los protagonistas resultan más bien un complemento para el verdadero problema que enfrentan y que no tiene solución en sus increíbles habilidades: los conflictos psicológicos y familiares con los que cada uno cuenta. El deseo de llenar las expectativas del padre, por parte de Luther; algo similar con Diego y la madre de los 7 (que es en verdad un robot); o de Alisson con una presión autoimpuesta al ser una estrella; Klaus que, por su habilidad de invocar a los muertos es quién más traumas sufre, hasta derivar en su adicción a las drogras; Nro 5 quién por su rebeldía quedó atrapado en el tiempo, a causa de su habilidad para viajar por el espacio tiempo; y Vanya, en quién el padre descubrió un poder incontrolable (que ocasionaría la gran amenaza del fin del mundo) y la convenció de no tener ninguno, de no ser especial.

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Como empezábamos hablando del gran desarrollo de personajes es en esta descripción que vemos que, en sus poderes y habilidades, los protagonistas encuentran su maldición más grande, algo de lo que no pueden huir ni solucionar. Y en lo que ellos creían lo peor de sus vidas, está el camino a su salvación: en la Academia y unión entre todos como familia, en reconocerse humanos, con defectos y virtudes, pero capaces de sobreponerse juntando sus capacidades. En entender que lo extraordinario, a veces, solo consiste en hacer cosas ordinarias (como convivir con una familia rara y disfuncional) extraordinariamente bien.

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