Rocketman: sobreviviendo a la leyenda

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Siempre que empiezo una entrada paso un buen rato pensando justamente eso: como empezarla. El comienzo es muy importante. En el mundo digital, los primeros segundos de un vídeo son clave para atrapar a un usuario. Al decidirnos por un libro, a veces, hojeamos las primeras páginas a ver si su contenido tiene algo que nos atraiga particularmente. Con las películas pasa lo mismo. Los primeros minutos, la primera escena, son esenciales para construirnos un panorama de que esperar de la cinta. En la primera escena de Rocketman, supe que estaba ante una biopic diferente.

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Dirigida por Dexter Fletcher (quien también participó en la producción de Bohemian Rhapsody, de la que también hablamos por acá) y protagonizada por Taron Egerton, Jaime Bell y Richard Madden, propone una entrada a un edificio celestial, con apariencia divina, de un Elton John vestido de demonio. Está yendo a un grupo de rehabilitación, declarándose adicto a muchas cosas: alcohol, drogas, sexo. Y con problemas de manejo de ira. Cuando se sienta y comienza a hablar, comienza la película. Elton va a contarnos su historia.

No es coincidencia que comience con The bitch is back. Es perfecto. Es más, no es coincidencia como aprovecha todas las músicas durante la película y es otro gran punto fuerte: cómo pasó de ser una simple biopic a un musical teatralizado, con forma y sentido propios. Como a través de cada canción de Elton se nos va contando pasajes de su vida, impresiones y sensaciones suyas. Como si las letras de sus canciones (escritas por Bernie Taupin, su amigo con el que hasta ahora no tuvo una pelea) hubieran sido pensadas desde un principio para darle forma a la historia de la vida de este gran artista.

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Dentro de esta narrativa, que aprovecha el contexto musical para atrapar definitivamente al espectador, es difícil quedarse con un solo momento. La transición del Elton niño a joven en la feria con Saturday Night´s Alright es contagiante. En el club Troubadour, cantando Crocodrile Rock flotando en el aire con el público enloquecido es delirante. O ir desde momentos tan personales como las escenas de Tiny Dancer y Your song hasta -personalmente- uno de los mejores de la cinta. El de Elton tirándose a la piscina, con deseos suicidas y dando paso a Rocketman. Tan íntimo como profundo, refleja ese gran logro de la producción al narrarnos una historia de vida como la de un artista conflictuado a través de su arte.

Conflictuado porque lo único que buscaba desde su infancia era cariño. Amor y cariño. Dos cosas que nunca encontró en su familia, concretamente en sus padres porque su abuela buscó apoyarlo siempre desde dónde pudo. Cariño que no existía en el mundo musical que frecuentaba. Un mundo superficial, exitista y lleno de excesos. Amor que tampoco tendría en su relación con John Reid, su representante (quien después representaría a “esos muchachos” que se hacían llamar Queen) y amor que no alcanzaría a sentir por su después esposa.

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Quizás su relación más profunda y cercana en este aspecto fue con el propio Bernie. Ese amigo y escritor con él que nunca tuvo una pelea. Esa persona que desde un comienzo le dijo que lo quería pero no de “esa” manera. El que le habló directamente en Your Song: How wonderful life is while you’re in the world (Que maravillosa es la vida mientras tu estás en el mundo). Quizás el propio Elton no supo reconocer, como tantos otros, que estaba rodeado de más cariño y amor del que se daba cuenta, por estar mirando en otra dirección.

No hay ningún secreto en el punto de giro que lleva al protagonista a esa escena inicial, en el grupo de rehabilitación, desde donde se nos cuenta todo. Es el propio Elton el que siente que tocó fondo, que necesita ayuda, que es una estrella, dueño de una vida fantástica. Pero igualmente humano. Algo que todos, incluido él mismo, parecieron olvidar. Con problemas, debilidades, defectos y equivocaciones, más allá de todo ese talento radica la importancia de no creerse sobrenatural. De superar sus demonios y dejarlos atrás, con esa gran escena donde parece decirles a sus fantasmas lo que calló durante lo largo de su vida, representándolos en sus padres, abuela, amante y mejor amigo. De abrazar a ese niño que fue en otro momento. De perdonarse. De agigantar ese leyenda al punto de sobrevivirla.

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