Toy Story 4: crecer

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Por regla general soy muy escéptico a las secuelas de historias que ya estaban perfectamente contadas y cerradas. Ustedes saben, esas continuaciones (o hasta precuelas) que muchas veces aparecen más por la necesidad de exprimir una potencial fuente de dinero, que por desarrollar y potenciar una historia que pudo habernos marcado. Soy todavía más reacio a convivir con estas cuando intervienen en algo tan sagrado como mi infancia. Así que cuando anunciaron Toy Story 4 ya se pueden imaginar cómo estaba.
Toy Story 4 está dirigida por Josh Cooley, y protagonizada nuevamente en las voces por Tom Hanks, Tim Allen, Annie Potts y las incorporaciones de Tony Hale, Christina Hendricks, Keanu Reeves y el genial aporte de Keegan Micheal-Key y Jordan Peele. Continuando con la historia de los juguetes, esta vez con su nueva dueña, Bonnie, la niña a la que Andy los regaló antes de ir a la universidad. Ella comienza las clases en la escuela, tiene mucho miedo y en su primer día de orientación, crea a Forky, un simpático personaje que, al cobrar conciencia, entra en un conflicto por considerarse “basura” e intenta constantemente escapar, por lo que los demás -sobretodo Woody- deberán emplearse al máximo por cuidarlo, ya que ha pasado a ser el favorito de Bonnie.

TOY STORY 4

Lo primero a remarcar es que si nos fijamos solo hasta la tercera entrega, encontramos un desarrollo de la historia completo y finalizado. Podíamos ubicar a Andy en el lugar del espectador que había crecido acompañado de esos personajes y, en su tercera parte, se había encontrado con el momento de decir adiós. ¿Podía plantearse una cuarta parte? ¿Puede haber realmente un mensaje en ella? La respuesta es sí.
El viaje esta vez nos es sobre nosotros, ni siquiera sobre Bonnie o sobre los demás juguetes. Es sobre Woody. Es sobre crecer. Desde que no están con Andy, desde que para Bonnie él es una opción muy prescindible, su existencia le comienza a parecer vacía. Perdió lo único que le daba razón de ser. Busca a Forky cuando se escapa y debe reencontrar su camino junto a sus amigos. Está perdido tanto literal como figuradamente. Y perderse, dicen, es la mejor forma de encontrarse.
En esa suerte de viaje, se nos presentan personajes que ya conocíamos; como Bo Peep, quien representa todo el empoderamiento femenino desde que fue capaz de vivir por sus propios y sin necesitar de nadie; hasta Bunny y Ducky (Key y Peele son lo máximo) quiénes son bastante capaces de manejarse por su cuenta, pero pasaron toda su vida solamente esperando pertenecer a alguien. Y, principalmente, Gabby Gabby, esa muñeca antigua que solo quería la atención de su dueña y esperó el tiempo que hiciera falta, hasta “repararse” para ella, solo para darse cuenta de que algunas veces no es suficiente.

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Ese aprendizaje es el mismo que comprende Woody a lo largo de su viaje en esta película: su historia con Andy terminó. La vida, con sus ciclos, lo puso delante de nuevas historias, donde no depende de Andy, Bonnie o básicamente nadie, sino de él mismo. Ayudó a Forky a reconocer su propia existencia y comenzar a escribir su propia historia, mientras entendía que esa etapa de su vida había terminado, pero otra comenzaba.

TOY STORY 4

Justamente algo similar había pasado al conocer a Buzz, otro personaje que fue capaz de aceptar los cambios y giros de la vida, y cuya relación con Woody tan emotivamente construida a lo largo de estos años, me pareció que fue dejada un poco más de lado en esta entrega. Entrega que precisamente no es tan lacrímogena como su predecesora, pero si mucho más madura y profunda. Con un humor bastante inteligente y bastante subtrama dentro de este mensaje tan maduro e independiente que intenta construir.

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Porque el mensaje es uno que la historia de Toy Story venía construyendo en paralelo a lo largo de estos años. Uno que estaba diseñado esencialmente para este público que lo venía acompañando desde el principio. Si bien el tercero despedíamos ese camino que se construyó, en este entendemos que el final de algo no es necesariamente el final de la vida, sino el de un ciclo, una etapa. Que cuando una cosa termina, algo nuevo puede comenzar. Que no hay necesidad de apegarse o atarse a historias, situaciones o deseos que muchas veces no pudieron ser o sencillamente ya concluyeron. Que es importante crecer.

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