Once Upon a Time in Hollywood: aquella hermosa fantasia

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Si si si, el título ya anticipa muy fácilmente lo que voy a decir de la novena película de –me paro- Quentin Tarantino –me siento- y es que no lo puedo evitar. No lo puedo evitar por la emoción que me produce esta película, por la alegría de poder escribir sobre uno de mis directores favoritos desde siempre. En fin, por muchas cosas. Incluso creo que puedo decir que es, para mí, la película que completa el podio del director, junto a Pulp Fiction e Inglorious Bastards. Ya anticipé prácticamente todo, ¿verdad? Perdón (?) pero estoy seguro de que esta entrada igual valdrá la pena.

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La película que ya está de más decir quien dirige está protagonizada principalmente por Leonardo Di Caprio, como Rick Dalton un exitoso actor de los ’50 que busca reencauzar su carrera en declive; Brad Pitt como Cliff Booth, su doble de riesgo y amigo personal; y Margot Robbie como la actriz Sharon Tate, quien fuera esposa del director Roman Polanski y asesinada por miembros del clan de Charles Manson, incluso estando embarazada. Desde ya resumir el cast así queda corto porque también están: Al Pacino, Kurt Russell, Michael Madsen, Dakota Fanning, Bruce Dern, Maya Hawke (la hija de Ehtan y Uma Thurman). ¿Se dan cuenta desde ya que es una locura hermosa?
Ambientada en el Hollywood de los ’60, Tarantino retrata con lujo de detalles la ciudad de la época, ligada clara e indiscutiblemente al cine. A ese cine que consumió desde chiquito. A sus actores, a su estilo de vida, a su cultura, a su arraigo en influencia en la sociedad estadounidense y, ¿por qué no?, mundial. Dicho retrato encierra un homenaje a todo lo que Quentin consumió y que lo hizo llegar a quién es hoy. Pareciera haber esperado este momento, esta película, para enhebrar una suerte de agradecimiento a una época y a unas influencias que lo marcaron a fondo.

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No habrá homenaje más justo. Y es que la huella del director está en todos los detalles, en absolutamente todos. Es obsesivo y delirante, y creo que es lo que llega tanto de la película. Claramente con un gran trabajo del equipo que lo acompañó, cada cosa de la cinta nos está contando o mostrando algo relevante. Nada es intrascendente, nada pasa desapercibido.  Los colores, los silencios (a diferencia de los diálogos de otras películas), los diálogos (que también), los juegos de cámara, la fotografía. Todo en su tiempo y medida exactos, para transportarnos a una época, sí, pero para darnos esa mirada de que estábamos ante algo diferente porque él mismo lo ve y lo siente como algo distinto.
Dentro de este contexto hay un estupendo trabajo para ubicarnos en lo que era consumir cine y televisión en esa época. Hay, a su vez, un extenso y logrado homenaje a figuras (reales algunas, representadas otras) de aquel entonces. Desde las series de televisión de entonces, hasta los flashbacks de películas (algunas reales como El Gran Escape, que es para emocionarse). Incluyendo también a bandas sonoras ambientadas en estaciones de radio de la época, así como el estilo de vida de las estrellas y celebridades, y el auge de un movimiento tan fuerte y relevante como el movimiento hippie.

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Para poder reflejar todo esto, el trabajo de los tres actores principales es fundamental y, no solo cumplen, sino que dan una muestra de lo mejor de sí. Brad Pitt nos presenta un Cliff demoledor, que parece intocable e inmutable, aunque sin mayor aspiración en la vida. Con quién debemos hacer un apartado para defender a capa y espada su escena con Bruce Lee: la misma es una recreación del recuerdo de Cliff, a quien claramente no le caía bien Bruce. ¿Lo iba a dejar bien pintado? No. ¿Está bien que lo ridiculice en su recuerdo? Claro, es suyo. Bueno, seguimos. Leo Di Caprio con Rick Dalton es absolutamente perfecto. Su decadencia, sus problemas con el alcohol, la escena en el trailer donde se maldice por ser alcohólico mientras mira a la cámara a través del espejo, aquella actuación impecable donde recrea una actuación impecable, la escena del lanzallamas. Nada, un genio. Y Margot Robbie quien, sin muchas líneas, personalmente creo nos da una mirada muy entrañable de Sharon Tate, alguien que perdió su vida injustamente y a quién no pudimos conocer más y mejor se nos muestra como una mujer dulce e inocente. Para aplaudir la escena en la que va sola al cine y se emociona al ver que el público disfruta de la película donde actúa.

En esa crítica hilarante hacia la sociedad de la época, Tarantino desliza un sentido homenaje a algo que definitivamente lo marcó. Y a todos nos gustaría que esos momentos que nos marcan y que amamos tanto no se terminen. Pero el tiempo pasa para todo y para todos y algo define el momento final de otra cosa. En el caso del Hollywood de los ’60, sin duda fue la muerte de Tate a manos de la familia Manson. Quentin le da una vuelta a esto, a su estilo. Con la inclusión de Cliff y Rick en el camino de los planes de la Familia, nos da una escena final desquiciada, cruda, violenta y disfrutable. No se la toma en serio. Y eso la hace perfecta.

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También fiel a su estilo, la cinta explota todos los recursos narrativos de manera a no tornarse aburrida, pero no cuenta (oh, sorpresa) con una estructura clásica, es decir, introducción, nudo y desenlace. Más bien nos pasea por paisajes, lugares, personas e historias, como a él le gusta imaginarlos dentro de su realidad. Toma factores de la realidad para dar forma a su mundo ideal de fantasía. Rick Dalton, el actor del viejo Hollywood en franca decadencia, después de matar junto con su amigo Cliff a los miembros de La Familia, finalmente cumple su sueño de ir a la casa de su vecino, el director Polanski, invitado por Sharon Tate, la actriz emergente del nuevo Hollywood a la que indirectamente le salvó la vida. No hay un verdadero conflicto, ni un desenlace mayor, porque Tarantino moldeó un mundo donde los personajes seguirán existiendo, donde el viejo y nuevo Hollywood serán eternos en SU Hollywood. Porque la ventaja de contar historias, es que uno puede crearse su propia realidad eterna, donde el tiempo no pasa. Su propia y hermosa fantasía.

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