El Camino: sobre la necesidad del cierre

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Breaking Bad es, por mucho, una de mis series favoritas. Está allá en la cima, junto con Los Soprano de la que también hablamos por acá, en el podio de las mejores series que se han hecho, para mí gusto y aclarando que es entre las que pude ver. Porque ni puedo verlas todas (bien que quisiera) ni nuestros gustos tienen que coincidir necesariamente. Ahora bien, la historia de Breaking Bad es una de esas que me parece narrativamente brillante, técnicamente deslumbrante y resumidamente perfecta. Llegó a su episodio final habiendo desarrollado un arco perfecto. Entonces, ¿qué podemos decir de El Camino, la película de Breaking Bad?

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Primero podemos decir que esta producción dirigida por Vince Gilligan y protagonizada por Aaron Paul, Matt Jones, Charles Baker y Jonathan Banks no busca (y bien que está en no hacerlo) ni mucho menos acrecentar nada a la ya rica historia de la serie. No desarrolla nuevos personajes, no construye nuevos argumentos, no propone giros inesperados. Nada de eso. Simplemente toma un tema –ya debidamente anticipado- como es el escape de Jesse Pinkman (Aaron Paul) luego de ser liberado por Walter. Nada más. Y, si somos justos, no deberíamos pedirle mucho más o correría el riesgo de contaminar la esencia de la serie.

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Jesse hace un recorrido, tanto físico como mental, por ciertos escenarios y con ciertos personajes que la serie había dejado atrás mientras organiza su escape para siempre, de Alburquerque y de la vida que había llevado hasta ese momento. En este recorrido se nos permite pasear una vez más por lugares y protagonistas que, si bien cumplieron un papel más bien secundario, nos regalan ese toque de nostalgia para aquellos que nos desvelábamos por sus historias. Quizás quién consigue una nota destaca sobre el resto dentro de ese grupo es el personaje de Todd (Jesse Plemons), sobre quién nos podemos detener un poco más para observar su actuar narcisista en aquellos (buenos) tiempos. Las cosas por las que hizo pasar a Jesse y como este supo sacarle provecho a la muerte de semejante sociópata. Si, estaba irremediablemente subido de peso. Tampoco eso les preocupó y, en lo personal, me parece que está muy bien.

Y lo está porque toda la película es un gran epílogo. Es un episodio extra, un bonus track, sin el que toda la trama de la serie funciona a la perfección, pero con el que podemos, varios años después, deshacernos de algunas pocas dudas y necesidad de respuestas, principalmente sobre el desenlace de Jesse. Es cierto, podíamos asumir que escapaba y podía ser suficiente respuesta. O podíamos tener un cuadro como el que tuvimos y volver a disfrutar, aunque sea un breve rato, con Breaking Bad una vez más.

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Lo que me lleva a la necesidad de hablar sobre la “necesidad” o no de la película. Antes tenía la costumbre de catalogar a una película como “innecesaria” cuando sentía que su historia ya había llegado a su momento. Cambié bastante esa mirada con el tiempo (no sé si va a sonar increíble, pero las personas tenemos esa posibilidad). No creo que una película sea “necesaria” o “innecesaria”. Las veo más bien como propuestas, producciones realizadas por un grupo de personas que buscan contar una historia. Mejor o peor. Para bien o para mal. De nuestro agrado o no. Pero nada de eso hace a una película más o menos necesario. En todo caso, es más o menos de nuestro agrado.

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La historia de Breaking Bad terminó con aquel histórico episodio Felina, con Baby Blue sonando de fondo y el legendario Heisenberg tirado en el suelo, muerto. Pero Jesse se fue manejando aquel auto, El Camino, con destino incierto y después resuelto, porque fue el propio Gilligan quien una vez aclaró: “Jesse termina escapando, llega a Alaska, cambia de nombre y tiene una nueva vida. Se lo merece”. Así que, en verdad, esperar que esta película nos cuente algo más o pedirle algo nuevo si lo veo un tanto más innecesario que la producción en sí. Para lo demás, terminé contento de poder remontarme a aquellas épocas donde la serie absorbía mi concentración, contento de ver que Jesse ataba, por una última vez, los cabos con todos. Incluso con Brock Cantillo, el hijo de su novia fallecida, a través de esa carta que se nos muestra tanto al final. Los cierres, muchas veces, no son necesarios pero, otras tantas, hacen muy bien.

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