Watchmen y el concepto del tiempo

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No es la primera vez que una producción sobre héroes y seres con habilidades extraordinarias se atreve a explorar conceptos tan amplios como el de la deidad, la vida y la muerte y, sobre todo, el tiempo mismo; entrelazados con realidades sociopolíticas que podrían tranquilamente afectar a –justamente- cualquier época histórica. Si me parece, que pocas pudieron y podrán hacerlo como Watchmen en una sola temporada.

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A cargo de Damon Lindelof (el mismo showrunner de otras grandes series como The Leftovers y Lost), la serie tiene entre sus filas el excelente trabajo de Regina King (como Angela Abar/Sister Night), Hong Chau (Lady Trieu), James Wolk (como el senador Keene), Jeremy Irons (brillante como Ozymandias) y Jean Smart (como Laurie Blake, uno de mis personajes favoritos al comienzo de la serie), entre otros. Esta versión de Watchmen se distancia un tanto más de lo que fue la película del 2009, para encontrarse y coincidir con los cómics de Alan Moore y Dave Gibbons (este último hasta fue consultor de la serie).

En este proceso, como decíamos al comenzar, desarrolla la problemática general que es la existencia de una deidad “andando” entre los mortales y la posibilidad de que sea apresada y despojada de sus poderes. Un conflicto basado justamente en la necesidad de la humanidad de tener un dios, de poder explicar su existencia y su presencia en nuestras vidas, pero muy principalmente, de poder sentirse con sus mismos poderes.  Acercarse al dios no para conocerlo mejor sino para vivir como él, para desconocer de límites como él.

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Dentro de esta premisa tenemos al Dr. Manhattan como el dios que, años después de los acontecimientos de Watchmen en 1985, se ha recluido de la Tierra, pero sin alejarse por completo ya que desarrolla una suerte de complejo de Zeus, visitando la tierra como un simple mortal, para manifestar y consumar su amor con Angela Abar/Sister Night. No es menos trascedente bajo esta arista el tratamiento que se le da a la influencia de la historia en nuestras vidas, a las repercusiones del pasado en nuestro presente y a las consecuencias de nuestras decisiones en este último para el futuro.

Con el correr de los episodios, la serie muestra una creatividad narrativa fantástica para no repetirse en cuanto a recursos y fórmulas en ninguno de ellos, así como también para mantener siempre atento al espectador. Su narración es paciente, sin caer en lo lento o aburrido y, para ello, se apoya mucho en el gran atractivo de sus personajes, permitiéndose no apresurar nada en el desarrollo de su historia. Cada episodio parece destacar su propio atractivo visual y aprovecharlo muy bien según el foco que hace dentro de la historia (claro ejemplo el episodio 6: This Extraordinary Being); sumado a esto, lo que coincide en todos y cada uno de ellos es un excelente soundtrack. En lo personal, el episodio que me maravilló y va en mi podio de este año (no me pidan hacer un ranking de episodios del año, por favor) es A Gods walk into a Bar, justamente por potenciar todos estos elementos de los que hablaba.

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Pero esta producción de HBO es mucho más que un grupo de protagonistas, un dios y los villanos que quieren hacerse con los poderes de este último. No deja de tocar temas actuales y sumamente reales: las luchas de poder entre grandes potencias, el racismo, clasismo y la desigualdad social, entre otros. Y esa maravillosa deconstrucción del concepto del tiempo y su influencia en nuestra realidad.
¿Es el tiempo lineal? ¿Constante? ¿Va de atrás para adelante, de arriba hacia abajo? ¿Cuánto de lo que somos y de quiénes están o no con nosotros se ve afectado por esto y cuánto de todo ello podemos cambiarlo? ¿Es cíclico y tiende a repetirse? Alguna vez hablamos por acá de The Haunting of Hill House y una exploración similar dentro de su historia (aunque no era lo principal dentro de esta serie). Pareciera que hasta una deidad como Doctor Manhattan se veía incapaz de doblegar la fuerza del tiempo que -como también mencionábamos en The Irishman– es arrollador, incluso siendo capaz de romper con su linealidad y encontrarse en dos o más momentos a la vez. En el medio, se deja ver una suerte de reconocimiento hacia el destino bajo ese mantra de “así tiene que suceder”, dando a entender que incluso sabiendo el desenlace de algo es imposible evitarlo.

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Por último y como una suerte de homenaje perfecto al tiempo como concepto, se plantea la posibilidad de que todo haya sucedido, una y otra vez, y que seguirá sucediendo, inevitablemente, una y otra vez. Principalmente porque se anunció que es una historia autoconclusiva y que no pasará de una temporada. Además –SPOILER ALERT– de ese final de Sister Night, aparentemente con los poderes de su antiguo amor reiniciando toda una historia, dejándonos para siempre con la duda sobre si existe un comienzo y final, sobre qué fue primero: ¿el huevo o la gallina?

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