Better Call Saul 5ta Temporada: la teoría del todo

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A medida que pasa el tiempo (y ha transcurrido bastante) se me hace difícil no sorprenderme con esta pequeña gran obra de arte que es Better Call Saul; primero porque antes de su estreno recuerdo no estar preparado para un spin off de la que – para mí – es la mejor serie de todos los tiempos como Breaking Bad y segundo porque, revisando los archivos (?), encontré la entrada que hablaba de la cuarta temporada y me resulta sorprendente cuanto creció mi valoración en relación a esta serie (que ya era bastante alta en la temporada anterior). Lo digo sin más vueltas: Better Call Saul está, tranquilamente, a la altura de Breaking Bad. A la altura de, posiblemente, la mejor serie.

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Primero y principal, al hablar de dos creaciones de Vince Gillighan no podemos ser injustos y no destacar que es un maestro de la fotografía y de tomas realmente icónicas. Así como de manejar los simbolismos perfectamente. El tipo ama los detalles y tiene un cuidado en apariencia obsesivo con los mismos que nos permite saborear realmente la excelencia de su relato. Además de construir personajes por naturaleza propia entrañables, pero, al mismo tiempo, construir una evolución (o involución en el camino de los mismos) que es simplemente fascinante. De esos que te hacen taparte la boca con cada giro en su arco narrativo.

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Otro gran mérito en eso es el dar lugar y espacio para desarrollar a personajes secundarios como Kim, Nacho, Lalo y Mike. Todos con su lugar para crecer y desarrollarse y con la capacidad de ganarse nuestra atención ante cada paso que dan en sus respectivas historias. Hasta el punto de preocuparnos sobre su futuro, al saber que varios de ellos no aparecen después en Breaking Bad.
Y si Breaking Bad es la adrenalina, acción y sorpresa a la orden del día, su spin off es el suspenso, la tensión e intriga al servicio de la narración. Con diálogos y remates mucho más espectaculares la primera, pero con silencios y subtextos brillantes la segunda. Dentro de estos recursos uno que destaca particularmente a lo largo de toda la serie de Better Call Saul y principalmente, me parece, en el último episodio de esta temporada, es el manejo de los colores. Siempre se nos muestra el amarillo como el predominante, siendo más bien neutro, pero en este último episodio tenemos la presencia del rojo, para marcarnos un estado malo, y el azul, uno bueno.

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Hablamos ya en la entrada de la temporada anterior de la imposibilidad de Jimmy, o Saul, de ir contra eso que él es, de eso que está hecho. De lo atrapante de una transformación que sabemos que se dará. Al menos si vimos Breaking Bad. A los que no la vieron…spoiler alert (?). Como decía, la inminencia de una construcción que en el fondo esperamos que no se dé (porque nos muestran que Jimmy es, en el fondo, realmente un buen tipo) y la fascinación cuando vemos cada paso que da rumbo a eso.

Todo el párrafo anterior no tuvo nada de novedoso, pero si aporta a la hora de justificar que la actuación de Bob Odernik es magnífica y, principalmente, la de Rhea Seehorn como Kim Wexler roza la perfección, tanto que resulta ridículo no hablar de un Grammy para la misma. A lo largo de toda la historia podemos palpar una tensión entre ambos, pero es recién en esta temporada donde sentimos ese verdadero giro: los problemas y decisión “cuestionables” de Jimmy no los alejaron, los unieron. Y no es que Jimmy la haya corrompido y transformado en lo que él es, sino que Kim encontró en los métodos de este una forma de alcanzar sus objetivos: si hay que hacerle cosas malas a gente mala para beneficiar a personas buenas, lo hará. Si el fin es lícito, el medio también lo es. Es una segunda transformación, igual de perfecta que la primera que es la Jimmy, que no vimos venir en absoluto.

Son dos formas de “Breaking Bad” o “echarse a perder” con desenlaces contrapuestos: uno más altruista, el de Kim, buscando hacer el bien desde ese lado, y el otro más egoísta, que nace desde su naturaleza misma, el de Saul. ¿Dónde habremos visto antes alguien que se sale del camino correcto con las intenciones de Kim, pero termina permaneciendo en el mismo por las razones de Saul?

Ambos, Kim y Saul, ya están – muy a pesar de Saul –  en este mismo camino de malas decisiones (como titula el penúltimo episodio) y, tal vez, listos para algo imperdonable (como rótula el último capítulo). El guiño al caso de Sandpiper (el asilo que visitaba Saul en la primera temporada y que trabajó con su hermano Chuck) da para suponer que será clave en el desarrollo de la última temporada. Así como el destino de Lalo y Nacho, cuyo desenlace se nos ha dejado abierto, pero siempre con la condicionante de que no aparecen en Breaking Bad y esto lo digo como excusa para poner acá esta genial escena.

Y es que guiños y escenas aparte, Better Call Saul cuenta con tantos elementos tan excelentes y estupendamente trabajados, como la fotografía, los planos, los encuadres, los subtextos, la paleta de colores, los giros argumentales, la construcción de personajes, la tensión en sus escenas, que si, funciona mejor si va de la mano con su predecesora, pero también funciona fantásticamente por su lado. Como la mejor serie del momento, como un todo.

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