Dark Temporada 3: una gota en el océano

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           “Ahora que pienso, en el blog no hay ninguna entrada sobre Dark, ¿qué me pasó ahí?” me preguntaba al comenzar a ver esta tercera temporada de la gran serie alemana que está disponible en Netflix para responderme casi al mismo tiempo: “y…que es casi imposible de entender”, análisis que hacía con mi experiencia previa basa en las dos temporadas anteriores y sin poder anticipar cuanto más complicado se pondría realmente. Y, sin embargo, acá estamos, ante la primera entrada de la serie en este sitio, para hablar del final de la misma. Para esta reseña voy a asumir que ya la terminaste por eso estás leyendo hasta el final (SPOILER ALERT) y también a englobar todo en el desenlace de la misma, porque si desmenuzamos por episodios no nos vamos más (?).

Hablemos en algún momento de lo hermosa que es esta intro, por favor.

           La producción alemana de Baran bo Odar y Jantje Friese llegó a su final y realmente me animaría a decir que respondiendo a todas las interrogantes que fue tejiendo desde su estreno en 2017. Y vaya si ha sido algo complejo de presentar y de consumir, puesto que no solo es una gran apuesta en cuando a los viajes en el tiempo y entre mundos paralelos, sino también a cuestiones mucho más filosóficas y metafísicas, como el destino, las consecuencias, la percepción de la realidad y hasta Teoría Cuántica. Una auténtica locura.

            Debemos remarcar que en esta temporada Jonas ya no existe en el mundo que conocíamos, pero si Martha; al mismo tiempo que Jonas existe en otro mundo, paralelo, y es acá donde se presentan una serie de saltos temporales y entre realidades que buscan remarcarse a través de un efecto espejado (en el mundo de Martha), además de un sonido de reloj para los saltos temporales y un efecto especial para la transición de un mundo a otro. A decir verdad, narrativamente es muy difícil de seguir y diferencia para el espectador, así como a su vez encima demasiadas sub tramas lo cual dificulta mantener la atención en la idea central.  

            Otro ingrediente bastante atractivo en esta temporada fue lo bien incluidos que están algunos elementos filosóficos y científicos dentro de la trama. Por ejemplo, la mención al experimento conocido como el gato de Schrödinger, que en apariencia es una paradoja casi filosófica, pero llega a incluir elementos propios de la mecánica cuántica, también explorados en esta temporada por la serie. Otra es el hilo rojo, ese que Ariadna entregó a Teseo como herramienta para escapar del laberinto, que también hace referencia a la creencia japonesa de que un mismo hilo rojo ata el destino de dos personas. Ambas ideas agrupadas en el laberinto espacio-temporal (!) en el que se encuentran los personas y en el destino, que parece juntarlos irremediablemente.

           Entre las tramas, la más importante era sobre el origen del ciclo que se repite una y otra vez por las interacciones de los personajes de las diferentes épocas. Una nueva perspectiva a la triqueta nos aclara esto: el símbolo con tres extremos en los que habían colocado los años 1953, 1986 y 2019 en un panel con información recopilada sobre el ciclo, en la puerta por la que se accede al agujero de gusano en las cuevas de Winden o en el cuaderno marrón de piel que pasa de mano en mano. El relojero Tannhaus creó dos más desdoblando el suyo en 1986, a los que pertenecen Jonas Kahnwald y la Martha Nielsen interdimensional, en su intento por construir una máquina para viajar al pasado e impedir que su familia muera en un accidente automovilístico en 1971. Esto desencadenó lo que ya conocemos (o creemos conocer): el bucle temporal, los viajes entre dimensiones, las relaciones entre personajes de diferentes tiempos, los extraños parentescos y la lucha de Adam y Eva por destruir y conservar esa realidad, respectivamente.

            El cierre es, por si fuera poco, espectacular y fantástico, además de sumamente conmovedor y bastante claro en torno a la resolución de su trama principal, girando alrededor del descubrimiento de los padres de Noah y Agnes, quienes era las mujeres que robaron al bebé de Noah y Elisabeth, y la muerte de Katharina Nielsen a manos de su propia madre. Y, finalmente, esa celebración final en la casa roja de los Kahnwald, en el mundo de origen, con Regina Tiedemann, Katharina, Peter Doppler, Hannah embarazada de Torben Wöller  y la hermana de este, Benni; justamente con Hannah comentando que Jonas le parece un lindo nombre para su futuro bebé. Acaso un guiño ingenioso hacia el espectador o acaso una señal de que todo está por suceder y de que es realmente inevitable participar de los hilos del destino. Imposible de saber. Después de todo, lo que conocemos es una gota y lo que desconocemos es un océano.

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