Después del final del capítulo 3 podíamos (y de hecho lo hicimos) anticipar que el cuarto episodio tenía que proponernos un giro más radical dentro de la estructura que venía siguiendo la historia. Ya tuvimos las presentaciones, conexiones, motivaciones y medios, así que era momento de ese episodio en el que decimos “ah, acá se armó”. Y así fue.

            Empezamos conociendo por lo que tuvo que atravesar Bucky, durante su estadía en Wakanda, para dejar atrás su pasado como el tristemente célebre Winter Soldier. En un ritual como de exorcismo de sus propios demonios, nos adentramos un poco más en su sufrimiento, su lucha y, más importante todavía, su liberación.

            Mientras transcurre el episodio vemos la aparición de Ayo, una de las guerreras Dora Milaje del reino de Wakanda, quien está molesta con el propio Bucky por haber liberado y estar a la par con Helmut Zemu. Quien ya para esta altura de la serie mostró ser capaz de manejarse siempre en una delgada línea gris para lograr sus objetivos. Bajo esta misma premisa, analizar la relatividad, en cuando a ciertos valores, con la que se manejan los protagonistas resulta sumamente interesante.

            Es justamente esta ambigüedad la que impera en cada uno de los personajes. En el propio Zemo, como bien ya sabemos; en Bucky y en Sam, que son los más importantes para la historia, en la desterrada Sharon Carter. Pero siendo mucho más potente y destacable en Karli Morgenthau y John Walker, quienes tienen una participación bastante destacada dentro de este episodio.

            Morgenthau parece mostrar bastante conciencia de sus acciones y propósitos. Reconoce su andar por esa escala de grises entre lo bueno y lo malo como algo necesario para alcanzar un bien mayor. Se cuestiona decisiones mucho más profundas, como la de crear nuevos super soldados a través de varios sueros que tenían escondidos, antes que las de asesinar personas inocentes, definiéndolas como “estorbos en su camino”.

            Por otra parte, John Walker estuvo siempre mucho más convencido de que su camino y búsqueda eran los correctos, sin darse cuenta en el proceso que estaba pasando a un terreno mucho más oscuro y hostil. Víctima de la gran sombra que vino a suplir, la de un Capitán America impoluto e intachable, se sintió siempre insuficiente y se vio siempre ignorado y hasta ninguneado por las circunstancias y por la reacción de los demás –villanos y no villanos- ante su figura de Capitan America.

            Con esa figura del relativismo cruzando transversalmente a cada uno, podemos ver que el más afectado sería, justamente, Walker, quien nos regala un último acto cargado de violencia y rabia. La figura del nuevo Cap, ya mutado a super soldado, completamente fuera de control, preso de la rabia y el odio, dos ingredientes que nunca fueron cercanos a su predecesor; no solamente incapaz de controlarse sino totalmente falto de voluntad para hacerlo. Nos quedamos así con una imagen potente y llena de simbolismo: los ojos del mundo viendo la pronta caída de su nueva figura de justica, con ese plano en contrapicada dejándonos la imagen de aquel símbolo de justicia y pureza, que supo ser el escudo, manchado de sangre. Ahora comienza la acción.

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