Muchas veces se habla –sobre todo en el mundo del cine- de las secuelas, segundas partes, etc. y de su impacto dentro del universo de alguna historia que nos gusta. Principalmente porque si ya nos gusta, justamente, hay un cierto termo (algo justificado) a que la segunda parte no le haga honor y, por ende, termine irrespetando todo eso que queremos. Bueno, así mismo hay quienes dicen que “la segunda vez es mejor” (?) y hay películas que ciertamente lo corroboraron. Como El Padrino, Star Wars o la favorita de hoy: Terminator 2.

            Bajo la dirección de James Cameron vuelven Arnold Schawrzenegger y Linda Hamilton, además de que se suma el genial Robert Patrick como el T1000 que ahora sería el temido villano. Y a lo mejor sea que ya la primera había conquistado, a lo mejor sea que uno no puede resistirse a robots asesinos, viajes en el tiempo, escenas de acción y frases icónicas. Pero lo cierto es que esta secuela toma mucho (o a lo mejor todo) de la receta original pero la potencia al máximo, también seguramente ayudada por un respaldo económico mucho mayor. Y, a pesar de que somos conscientes de que nos están dando algo similar a la primera entrega, pero con mucha más inversión (?) detrás, es imposible resistirse.

            Los efectos especiales ya de por sí eran una novedad para la época, pero las secuencias de acción están muy bien montadas y puestas correctamente en contexto. La narración sigue una estructura que nos va presagiando algo que ya sabemos va a ocurrir, pero no podemos despegarle un ojo, ni queremos hacerlo. Hasta ese giro algo extraño (al menos lo habrá sido en aquel entonces) del T800 interpretado por Arnold (no puedo ni quiero escribir su apellido de nuevo) de villano a héroe parece sumamente válido y –una vez más- nos encanta.

            Quizás podemos coincidir si en que está movida, me parece que algo más marketera, buscando ayudar a la imagen de Arnold, se despega por completo de lo visto de la primera entrega. Hasta tal vez no perdimos de explorar un villano sumamente temido y respetable en la figura del icónico Terminator original. Y sería un punto completamente válido, pero a su vez podemos decir que el explorar su relación cuasi paternal con John Connor le da una mirada de entretenimiento diferente y más que valida y destacable. Para lo demás, como siempre decimos, los gustos…

            Sin dudas que los factores más fuertes son los viajes en el tiempo, que a su vez generan una serie de paradojas temporales que lo que menos consiguen en sobrevivir al paso del tiempo y a la rigurosidad de los análisis ocasionados por el constante debate (lo cual es bueno, lógico); y las escenas de acción que ya a estas alturas son fuente de inspiración muchas veces en películas de este tipo.

            Y es que cuando digo “de este tipo” me refiero a una buena película de acción, con elementos como estos. Donde a lo mejor no le sobra profundidad, pero trabaja de forma excelente la narración, los arcos en el argumento, el desarrollo y justificación de sus personajes, y –por supuesto- los desenlaces cargados de acción y adrenalina. Bases que a lo mejor forjó justamente su antecesora y que podría usarse para responder la eterna pregunta de si una secuela puede superar a la original o al menos argumentar al respecto. Lo cierto es que es una película recordada hasta nuestros días y con justa razón. Porque tanto en su ficción como en nuestra realidad es capaz de recorrer perfectamente el pasado, presente y futuro.

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