Hacía un tiempo que venían pensando que me estaba faltando alguna serie realmente adictiva. De esas que te tienen pasando de un episodio a otro casi sin tiempo ni para ir al baño, de esas con las que revisar el celular u otra cosa por una milésima de segundo pasa a la historia, de esas donde la maratón es obligatoria y desenfrenada porque siempre querés más. De esas como El Reino.

            Lo que en apariencia comenzaría como la historia de una organización religiosa con prácticas y manejos oscuros y -además- vínculos estrechos con la política para fines todavía más corruptos, termina presentando una historia con un trasfondo aún más profundo (si eso es posible) con una gran carga de crítica social, política y espiritual. Una verdadera mezcla explosiva.

            La producción es argentina y la historia está desarrollada también en este país, en una suerte de hiperrealidad. Hay que decir que el cast es excelente Diego Peretti como Emilio Vázquez Pena, Chino Darín como Julio Clamens, Nancy Dupláa como Roberta Candia, Joaquín Furriel como Rubén Osorio, Peter Lanzani como Tadeo Vázquez Pena, Mercedes Morán como Elena Vázquez Pena y hasta nuestro compatriota Nico García como Remigio Cárdenas. Y para agregar a esto hay que decir que cada uno de los personajes tiene un desarrollo espectacular, con el tiempo y espacio justos para darle profundidad a cada uno. Personalmente me parece que los mejores son Osorio y Elena, la esposa del pastor Vázquez Pena.

            Son, coincidentemente, quizás los personajes más sombrío con más ausencia de valores y moral dentro de la historia, pero por esto mismo son los que más contribuyen a darle un desarrollo todavía más integro a la historia y necesario en cada uno de los giros, que son varios y muy buenos, con los que cuenta la trama. Una trama que argumentativamente se desarrolla muy bien, sin apresurarse demasiado pero tampoco gastando tiempo en detalles innecesarios. Y es que todo está ahí por una razón, todo será utilizado en beneficio de la historia en algún momento, nada de lo que vemos es casualidad o queda olvidado.

            El total de episodios y la duración de cada uno también es perfecto para esta característica e incluso contribuye a engancharse inmediatamente con la seria desde el primer momento, hasta el punto de meter una maratón desenfrenada de sus 8 episodios. Acompaña a esto el gran acierto de dejar un par de temas abiertos dentro la historia, a modo de cliffhanger tal vez, pero uno muy acertado y bien logrado. De vuelta, no se siente forzado ni con la intención de anuncia una segunda temporada antes de saber como la va a la primera (algo típico de la N roja) sino como algo alineado dentro del contexto de la historia.

            En definitiva, me pareció una historia a lo House of Cards o Succession; con intereses mezclados, juegos de poder, corrupción, cinismo, traiciones; a todo lo cual hay que sumarle además un toque de espirtualidad, que me pareció lo más arriesgado dentro de la serie: trascender de la posibilidad de que algo sobrehumano existe a la certeza de que es así; redes de abusos y mentiras, y finalmente tenemos un cóctel mortal. Un juego estilo ruleta rusa donde todos participan, quieran o no. Y donde sobre de todo, menos moralidad.

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